Entre todos los seres vivos, la mujer gestante es la única vulnerable a
la preeclampsia. Descrita desde los tiempos de la antigua Grecia, esta
condición afecta al cuerpo femenino durante el embarazo y se manifiesta
principalmente a través del aumento de la tensión arterial, el
incremento de la presencia de proteínas en la orina y la aparición de
inflamaciones en la piel (edema).
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