Esperanza es uno más de los miles de
niños que viven en la calle en Nigeria. Muchos apenas aprendieron a
caminar, de tan pequeños. Deambulan solos y se alimentan de lo que
juntan en la basura o le arrojan los vecinos. Todos ellos fueron
expulsados padres convencidos de que habían parido a un brujo. La
tradición dice que su permanencia en el hogar es un peligro y por eso el
destino de esos bebés es el destierro familiar.
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