Solo bastan 60 segundos en una llamada telefónica para conocer la
sentencia de muerte: “Me pagas toda la plata que te estoy pidiendo, o
te mato primero a ti y luego a toda tu familia, uno por uno”, le dicen a
su víctima al otro lado del celular. Siembran terror, aunque no han
mostrado un arma de fuego. La amenaza es suficiente para provocar miedo.
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